
Bodegas
Obanca presentó este vino de autor uniendo los dos sentires Cangueses:
el vino y la pólvora dentro de una botella. La contra etiqueta hace referencia
a estos sentimientos y “los sabores y olores de las tardes de julio Canguesas
como las nueces de Obanca o las grosellas de Limés”. La producción
es tan solo de 4.000 botellas numeradas. Las uvas seleccionadas por el patriarca
de la bodega, José Marcos, son de las variedades mencía, Albarín
tinto y verdejo tinto. Se trata de un vino con una graduación de 13º,
afrutado, que se bebe bien y ha madurado seis meses en barrica de roble francés.
Con toda probabilidad unos meses más en botella le darán aún
más cuerpo y personalidad. A la vista, presenta un color rojo picota
de capa media baja y lágrima limpia.
La
nariz es interesante, notas de cedro, algún torrefacto, vainillas, notas
especiadas todo ello muy conjuntado con notas de frutillos del bosque. La boca
es fresca, mineral, buena acidez, notas tostadas bien integradas, especiados.
Si se integra un poco el tanino de la madera, hacia el final de este año
estará más pulido. Aún estando sin redondear del todo,
nos resulta muy grato.
Acompañaría perfectamente un pescado con sabor intenso como
un atún o un rape y por supuesto, una buena fabada o un queso de Cabrales.
La tierra es sabia, y los productos que se obtienen en una misma zona suelen
maridar bien entre ellos.




